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Historia de las Paletas

Introducción

Se puede afirmar que las paletas identifican a la gente originaria de Mexticacán quienes con negocios en ese ramo están esparcidos por todo México y el sur de los Estados Unidos. Un monumento a la paleta en la Plaza municipal es testimonio mudo de una tradición heladera practicada por muchos centenares de paisanos de este pueblo.

El Helado surge en los pueblos donde existen las frías nevadas que permitió inventar el gusto de comer trozos y jugo de fruta mezclados con el granizo o con la nieve natural. Al transcurrir la historia de los pueblos, surgen los pequeños expendios que ofrecen los helados artesanales; después al aparecer el uso de la electricidad aunado a la utilización de maquinaria se establecen pequeñas fábricas de helados y paletas que proliferan creciendo en magnitud al generarse paulatinamente las innovaciones tecnológicas.

El disfrute de lo fresco y lo dulce de un helado es uno de los gustos humanos que se han compartido cotidianamente entre los niños de todos los pueblos del mundo.

Aunque el negocio de los helados está esparcido en todo el planeta, es interesante mencionar ciertos lugares que durante el siglo XX fueron marcados con una fuerte identidad propia al dedicarse a esta industria; es el caso de los pueblos de Longarone y Zoldo en Italia; Ibi y Jijona en España, y Mexticacán y Tocumbo en México.

El presente trabajo es una breve recopilación de datos para aproximarnos a una historia de los pioneros paleteros de Mexticacán, productores de helados y paletas.

Se aclara, que las intenciones que llevaron a desarrollar este librito parten de la necesidad de difundir esos elementos etnográficos que se visualizan aparentemente en los paleteros y sus familias, tanto en la plena temporada del trabajo en sus negocios, como también cuando año con año regresan a la entrada del Corazón de Jesús. Manifestaciones que los identifica orgullosamente.

Además, por la gran magnitud del problema que resulta citar a todos los paisanos de Mexticacán establecidos en tantos rincones de México, habrá omisiones involuntarias por la falta de información. Van unas disculpas por ello.

Los paleteros

La gran tradición que identifica como paleteros a los oriundos de Mexticacán se inicia cuando en el año 1940 aproximadamente, un tal Genarito Jáuregui, hombre ingenioso, emprendedor de varios oficios y actividades benéficas para el pueblo, recibe recomendaciones de su compadre Don Celso de Cañadas de Obregón sobre la compra de una fabrica de paletas alemana que se encuentra abandonada en la aduana de Veracruz. Genarito entusiasmado se asocia con su también compadre Tilde Ríos y realizan la compra con el entonces conocido Carlos Herin, quien era el encargado de la firma por un costo de mil doscientos pesos.

En ese entonces Genarito atendía un molino de nixtamal, de granos y de pastura, además del alumbrado público y en común acuerdo deciden, al poco tiempo, que sea Tilde Ríos el encargado del negocio de la fabrica de paletas, misma que se instala en la casa que hoy es la tienda de dulces de Pedro García.

Dicha paletera generaba energía por medio de carbón el cual al quemarlo desprendía gases  de hidrogeno que se filtraban a través de unos costales de yute que lo conducían por unos tubos, los que a través de una flama azul hacían mover  un motor de combustión interna el que enfriaba el agua del tanque por medio de dos esferas grandes de fierro. Esta paletera fue la primera que conocieron los de Mexticacán y estuvo trabajando en un local frente a la plaza durante seis años. Los palillos los hacían de carrizo, lo cual provocaba que a veces se cortaran los labios y las paletas se vendían a 1 centavo las de agua y a 3 centavos las de leche. El agua la traían de los canales en cántaros que los cargaban en burros, cada animal cargaba cuatro.

En esta paletera también se hacían las barras de hielo las que por no congelarse totalmente les tenían que tirar el agua del centro de la barra y llenarla con paletas de hielo. Estas barras principalmente eran para los deliciosos raspados de nieve que se vendían en los chantes; también las entregaban en Yahualica y Nochistlán.

La distribución en Mexticacán se realizaba en una cubeta que se llenaba con 100 paletas, hasta que en el año de 1942 Tilde se fue a Guadalajara, donde compró un equipo moderno al Sr. Joaquín Martínez, pudiendo hacer entonces la distribución a través de diez carritos de paletas que salían  del domicilio de José palomar No. 48 esquina con José María Montenegro a la vuelta del templo del Padre Galván, entonces había una paletera en el parque Morelos, además de que ya existía la Regina.

La paleta de agua la vendían a dos centavos, siendo “la pachuca” una de las más solicitadas; en tanto que la paleta de leche, el sandwich y el esquimal costaban cinco centavos, mientras que las cajitas de nieve tenían un costo de diez centavos.

Durante un espacio de cuatro años estuvieron prácticamente como los únicos paleteros, junto con los de la Regia y los popeyanos, y  después fueron llegando más paleteros de Mexticacán. 

Cabe señalar que la paletera Regina y que fuera rebautizada como Regia, era propiedad de los hermanos Edmundo, Pedro y Joaquín Martínez, quienes debido a su éxito pudieron importar más maquinaria para sus operaciones, y que por muchos años Regia gozó de gran aceptación de los tapatíos.

Don Tilde logró abrir así su primera paletería, y, aunque fracasó en su primer intento, abrió la brecha para que sus paisanos encontraran una nueva forma de ganarse la vida. Para 1943, don Tilde abría una paletería mejor equipada gracias al apoyo que recibió de su paisano Angel González.

Este era un pequeño empresario que había incursionado en varios negocios y que, a la sazón, tenía un cine ambulante en decadencia debido al establecimiento de cines fijos en varios poblados de la región. Interesado en invertir en un nuevo rubro, Angel González no sólo financió a don Tilde, sino que abrió una fábrica de helados y paletas en Aguascalientes. Su ejemplo fue seguido rápidamente por Elías Mendoza, comerciante en Mexticacán, quien estableció otra heladería Regia en la misma capital jalisciense, para aprovechar la fama que ya había creado la empresa original.

El éxito de estas paleterías y heladerías no fue rápido, pero tuvieron desde el principio buenas utilidades e iniciaron a muchos de mexticacán en este tipo de negocios. Los negocios de González y Mendoza prosperaron a mediano plazo y abrieron más y más paleterías y heladerías en el centro y norte del país. La mayor parte de sus empleados eran de Mexticacán y de esta forma, se familiarizaban con los procesos de producción de helados y paletas.

De empleados, algunos de los trabajadores de don Tilde, Elías Mendoza y Angel González comenzaron a pensar en establecer negocios propios. Debido a la falta de fondos, varios de ellos recurrieron a sus propios jefes en busca de financiamiento. Por lo general, el crédito les permitía montar una pequeña fábrica o paletería en la que podían trabajar unos cuatro o cinco parientes o paisanos que se mandaban llamar de Mexticacán.

Este crédito era por lo general establecido con intereses bastante altos pero con plazos cómodos y sin necesidad de presentar otra garantía que el ser reconocidos como “un hombre trabajador y de palabra”. Era también necesario antes de comenzar a operar dividirse la ciudad en territorios y de aceptar que cada fábrica o paletería tendría un espacio determinado exclusivo para la circulación de sus carritos.

Este mecanismo se repetía a menudo con los mismos empleados en sólo tres o cuatro años, de forma que los negocios se multiplicaron con rapidez y Guadalajara dejó de ser lugar propicio por el exceso de competencia. Así, en menos de dos lustros, los de Mexticacán se extendieron con rapidez en México, Aguascalientes, Durango, León, Veracruz, Monterrey y casi todas las ciudades importantes del país. Muchas de las nuevas empresas siguieron adoptando el nombre de Regia o alguno similar a pesar de las constantes demandas que los señores Martínez, dueños de la heladería Regia original, interponían ante las autoridades. Al final de cuentas los mexticacanos aceptaron pagar una especie de regalía a los Martínez o comenzaron a bautizar de distinta manera a sus empresas.

De esta forma, ya para la década de los cincuenta los mexticacanos estaban en posibilidades de entrar en la capital. En la ciudad de México, Pedro Mendoza fundó Regia y Ray’s, Alfonso Lomelí y Raul Valdivia abrieron dos Regios y Juan Jiménez otra Regia. Otras pequeñas fábricas repitieron la marca Regia, y algunas más se denominaron Super Regia, Bambi, La Suiza, La Italiana, Trevi y un larguísimo etcétera. Casi sin excepción esta empresas utilizaron carritos para ofrecer sus mercancías.

Elías Mendoza y Felix y Maximiliano Iñiguez iniciaron en Guanajuato las asociaciones con paleteros y empezaron a desplazarse hacia Chihuahua, Camargo, Tepic, Mazatlán, Los Mochis, Hermosillo, Reynosa, Nuevo Laredo, así como por la zona de La Barca, Ocotlán, Acámbaro, Irapuato y La Piedad, principalmente.

Angel González, con Helados Regia además de establecerse  en Aguascalientes también empieza a promover la instalación de paleterías con gente de Mexticacán por la Zona de Puebla. Mientras que Pascual Iñiguez en 1953 se instala en Monterrey; Angel Rodríguez en Nuevo Laredo y Narciso Ortíz en Matamoros; Los Lomelí en Monterrey; Alfredo Pérez en Acapulco y la familia Díaz en Monclova; Pablo García en Cuernavaca y Roberto Delgadillo en Atlixco, Puebla; Gratiniano Rodríguez en Puebla y la familia Jáuregui en Culiacán; el Chino Mejía en Mazatlán y Cleto Jiménez en Ciudad Obregón; el Metro Mejía en Orizaba y José Islas en Hermosillo; Cruz Jáuregui en Durango y Poncho Mendoza en Delicias; Andrés González en Celaya y Jesús el viejo del Correo en Querétaro; Gustavo Iñiguez en Irapuato y Amador Jáuregui en León; Teodorito Jáuregui y Miguel Aguirre en Piedras Negras; Salvador Jáuregui en Ciudad Acuña y José Hermosillo en la Piedad; La bella Justiniana y Aldegundo Mejía en Saltillo; Modesto Mendoza en Zamora, Hermanos Martínez, Hermanos Loza y la familia Torres en Tampico, Severiano Carvajal en Monterrey con helados Primavera y los hermanos Pérez en Poza Rica.

En Guadalajara Juan Jiménez se establece con la paletería Juvi en 1960 y Leopoldo Delgadillo en 1965 con la famosa Higiénica. Se destaca la paletería instalada en Panamá por una sociedad encabezada por Roberto Deladillo a principios de los 70 en la que participaron los Núñez y Genaro Cornejo.

Pronto Elías Mendoza y Angel González vieron crecer sus establecimientos junto con los de sus coterráneos y se hicieron de un buen capital, pero no tardaron también en darse cuenta que el financiarlos representaba un gran negocio en sí mismo. Por lo general, la forma de crédito con que trabajaban era la siguiente: conseguían al mayoreo y a buenos precios maquinaria de paletería y heladería y la revendían a plazos a sus paisanos. En otras ocasiones, establecían una fábrica a paletería y, ya funcionando, la vendían a plazos, logrando así utilidades netas en la venta además de las ganancias financieras habituales.

Un sistema más complejo pero común de financiamiento era el de recompra de deudas: alguien que no pudiera pagar a un banco podía vender sus letras de las deudas contraídas con sobreinterés a Mendoza o González, quienes podían refinanciar dicha deuda. De la misma forma, los agiotistas o algún otro intermediario que no estaba en posibilidades de cobrar o tenía urgencia

de dinero podía ofrecerles sus títulos de deuda con descuento, dejando también al comprador de los títulos en posición de negociar con el endeudado.

Aunque en estas operaciones se manejaba con frecuencia fuertes cantidades de dinero y se hacían rigurosos contratos escritos, podía bastar la buena referencia de algún familiar o paisano para que un trato se cerrara sin necesidad de que se pidiera alguna garantía hipotecaria. Por ello, muchos se pudieron convertir en dueños de sus negocios, mientras que otros se tuvieron que conformar con ser empleados de sus parientes. El particular sistema crediticio de los alteños tuvo gran éxito debido a las utilidades logradas por las heladerías y paleterías en todo el país y permitió una rapidísima expansión. No se cuenta con cifras precisas, pero se estima que Elías Mendoza financió o fundó más de trescientos negocios.

Por 1958, las empresas heladeras establecidas en la capital y que utilizaban los carritos como principal medio de venta tuvieron que sortear una fuerte crisis. Para terminar con el ambulantaje, el regente Ernesto Uruchurtu restringió sensiblemente el área donde los carros de helado podían transitar, sacándolos de las mejores plazas y parques.

Quienes desafiaron sus órdenes iban a para a la cárcel de la administración de mercados, tenían que pagar una fuerte multa y perdían sus mercancías. Las medidas tomadas en la ciudad de México tuvieron eco en muchas ciudades de la República, donde comenzaron a expedir decretos que iban reduciendo paulatinamente la zona de trabajo de los carritos. La “crisis de los carritos” afectó severamente a las empresas de los de Mexticacán y otras que usaban principalmente este medio de comercialización. Varias de ellas, como Trébol, Kiko’s, Reina, y algunas Regias, no pudieron recuperarse y quebraron definitivamente. Otras más – Ray’s, Super Regios, etc,- pasaron grandes dificultades antes de reorientar sus técnicas de ventas.

Esto obligó a muchos alteños a cambiar su manera de vender y a darles un carácter empresarial a sus pequeños negocios. Junto a los carritos, algunas heladerías de mayor capacidad comenzaron a utilizar congeladores y hasta expendios propios para vender sus productos, abriéndoles la posibilidad de producir y poner en el mercado un mayor número de piezas. Este proceso coincide con el surgimiento de una segunda generación de heladeros que aprendieron el negocio de manera natural y que trabajaron sobre bases económicas más estables, ya sea heredando los negocios fundados por sus padres o estableciendo nuevos bajo sus auspicios.

De esta forma, los de Mexticacán fueron abriendo heladerías que poco a poco irían tomando un sesgo más industrial. En Monterrey, los hermanos Miguel, Plutarco y Jesús Lomelí Jáuregui abrieron la heladería Sultana, de la cual surgiría otra compañía del mismo nombre y Hielati Italiano tiempo después, mientras que un primo de ellos, Antonio Lomelí, asociado con Ernesto Iñiguez abrieron las puertas de sus heladerías Trevi.

Chequico Iñiguez, en Guadalajara, Rigoberto Iñiguez, Merced Rodríguez, Josefina, Efrén García , José Luís Socorro y Mará Ponce en Cd. Juárez, Familia Aguas Cornejo en Guadalupe N. L., Raúl Aguayo, Juana Arambulo, Nicolás Aguirre, Jesús y Rosalío Esparza, Margarito González, Rafa Jáuregui, Samuel  y Jorge López García, Javier Sandoval y Rogelio Gómez en Monterrey; Victoriano Aguirre en Cd. Acuña; los helados Pingo de Guadalupe Sandoval en Sabinas Hidalgo, N. L.; Felipe Sandoval en Allende; Felipe Sandoval Torres en  Montemorelos.

Celio Alemán, Antonio Cornejo, Isaúl Cornejo, Luis Chávez en Cd. Obregón; Francisco Avila, Juan José Cornejo, José Luis Cornejo Torres, Guillermo Benavides, Abraham, José Luis, Rubén y Salvador Cornejo en Saltillo; José y Jesús Ayón en Sabinas, Coah.; Juan Baltazar en Villa Unión, Sin., José Cadena en Cárdenas, Tab.,  Victor Castillo en Juan José Ríos, Sin., Luis Cornejo en Nuevo Laredo, Nemecio Cornejo en Yahualica; Armando, Elías, Jesús, José y Oscar Cornejo Ortíz en Río Bravo, Tamps.; Lauro Cornejo en Torreón; Felix Cornejo en Mazatlán, Jesús de Anda en Compostela; Miguel Aguirre, Javier Delgadillo, Alberto García en Tepatitlán; Esteban Díaz en Allende, Coah.; Genaro Sánchez, Roberto, Rosa y Ernesto Díaz en Monclova, Coah.; Felix Díaz en Nuevo Progreso, Tamps., N. L.,  Sofía Esparza, Ma. del Carmen, Rubén, Jesús, José Angel y Miguel Angel González, Hermanos Islas Ortíz, Sandra Gutiérrez, familia Cornejo Sandoval, Víctor López, Jesús Ortíz, José Angel y Chicho Ortíz en Aguascalientes, Miguel Mendoza, Pedro Frías en San Luis Potosí, Margarito Frías, Ramón y José Mejía en Matamoros, Efrén García en Cd, Juárez, Genobevo García en Jesús María, Serafín García en Playas del Rosarito,   Raúl García en Ixtlahuacan, Cruz y Nicolás García en Arandas,  Pablo García, familia de Goyo Gutiérrez y Norberto Gutiérrez en Piedras Negras,  José Luis García en Colima,  Sofía García en Rosarito,  Juan Mejía, Refugio Gómez en Puebla,  Ramiro Gómez en Ojo Caliente, Oscar González, Francisco y Sergio Iñiguez en Celaya, Maximiliano Iñiguez, Francisco González en Chihuahua, Jaime González en Cihuatlán, Apolinar González en Guadalupe,  Raúl González en Zacapu,  Elpidio González en Tijuana, Ana María Gutiérrez en Durango; José Iñiguez, Ignacio Iñiguez y Lolo Ortiz en Querétaro.

José Iñiguez en Huatabampo, Agustín Islas en Tlajomulco, Fortunata Jáuregui, Nicolás Sandoval, Ismaél Islas, Hector  y Hugo Pérez en Acapulco,  Ramiro Islas en Guasave; Trinidad Islas en Rincón de Romos, Fernando Islas en Hermosillo, José Luis Islas en Tijuana, Tomás Plascencia, Antonio Jáuregui en Culiacán, Juan Valdés, Magdalena Jáuregui en la Cd. de México, Martínez en Cd. Mante, Jorge y José Eliseo Mendoza en Zamora, Humberto Nuñez, Mario Iñiguez, Efrén Torres, Bartolo Avelar en Tepic; Cayetano Origel, Jesús Islas Nuñez, Jesús Iñiguez, Ricardo y José Luis Iñiguez Felicitas Ortíz, Angel Ortíz Jáuregui, Felix Iñiguez en León;  Leandro Ortíz en Dolores Hidalgo.
Jorge Ortíz Ruvalcaba en San Miguel de Allende, Carlos Pérez en Zitacuaro,   Miguel Plascencia en Cd. Delicias, Angel Gutiérrez en Melaque, Ignacio Jáuregui en El Cercado,  Humberto, Guillermo, Juan Ruvalcaba y familia Castillo en Los Mochis, Galdino y Rubén Jáuregui en Toluca,Heraclio Quezada en Coatzacoalcos,Ismael Sánchez en Cadereyta, Carmelo y Javier Sandoval Mejía en San Cristóbal de las Casas, Pascual Sandoval en Cancún, Lamberto Sandoval en Villa Hermosa, Hector Torres en Mexicali, Pascuala González, Julio Hernández, Jesús Torres y Salvador Torres en Puerto Vallarta, Jesús Valdivia en Xochimilco y Nicolás Pacheco en Silao, Pancho Tío Vale en Morelia, Pancho y Tito Ponce en Cuauhtemoc, Chih.

Al paso del tiempo y con el crecimiento de la competencia, muchas heladerías tradicionales han tenido que modernizar sus equipos o imagen comercial y adaptarse a las reglas del capitalismo neoliberal. Varios se han mudado con sus heladerías a ciudades con gran población mexicana en Estados Unidos y Centroamérica. Otros alteños se han dedicado a establecer negocios relacionados con la heladería, como la producción y venta de materias primas y equipo.

Estos cambios, acentuados en los últimos años, no han hecho gran mella sobre el sentimiento de pertenencia de los emigrados de Mexticacán. A lo largo de los años, la identificación de un origen y una actividad comunes ha hecho que los vínculos entre los paisanos de Mexticacán se mantengan por encima de los ocasionales roces provocados por la competencia. Grandes y pequeñas empresas siempre lucen en algunos de sus muros una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, patrono de Mexticacán. Casi todos se refieren con orgullo a su origen pueblerino y mantienen constante comunicación con sus paisanos.

Una característica importante indica Juan Lomelí Martínez, gerente general de Hielati Italiano, es que los negocios de helados en México están conformados por la propia familia. “Son negocios 100 por ciento de familia, la propia familia se encarga de producir, administrar, concesionar y distribuir”.

Al obtener buenos resultados en el negocio de las paletas los pioneros invitaron a compadres, amigos y parientes a instalar nuevas paleterías por diferentes lugares. Fue tan grande el éxito que se extendió por toda la República a tal grado que no hay pueblo o ciudad donde no esté un oriundo de Mexticacán cuando menos con una fábrica de helados.

Pero el negocio ha ido mucho más allá de la simple elaboración de paletas. También han salido de aquí algunos de los principales expendedores de galletas, así como propietarios de comercios de materias primas, conos y barquillos, productos de leche, neveras y equipos de refrigeración. Aquí destacamos a Miguel Lomelí como el pionero en la elaboración de base para helados.

Quedan pendientes de mencionar tantos y tantos paisanos que con tesón han logrado fraguar su negocito propio y además, con la frente en alto y con orgullo, forman parte de los hijos queridos ausentes de Mexticacán.

La industria de la paleta ha dado y sigue dando de comer a una buena parte del pueblo. Gracias a ella, la fisonomía que presenta ahora es otra. Quizá sean diferentes las costumbres y los hábitos adquiridos al salir del pueblo. Los descendientes de los primeros empresarios paleteros ya no son nacidos en Mexticacán pero aun pertenecen a la querencia; su raigambre la llevan en la sangre y están orgullosos de sus orígenes, por eso se sigue participando en las festividades del pueblo que es motivo de cercanía
con el pueblo y el terruño.

Entrada del Corazón de Jesús. Patrono de los paleteros.

Indudablemente el gran patrono de los paleteros de Mexticacán es el Sagrado Corazón de Jesús que se venera en la comunidad de El Santuario y que año con año dentro del novenario de las fiestas patronales, el primer domingo de septiembre,  se trae en multitudinaria romería de su santuario hasta el templo parroquial.  “Vengo hasta acá por que es un patrono muy milagroso”, comentan los miles de devotos del Sagrado Corazón de Jesús que participan alegremente de la tradicional peregrinación.

Mexticacán se pone de fiesta, el colorido del aserrín pintado y las flores apenas caben por sus calles formando figuras singulares: corazones sangrantes, cruces, grecas y demás motivos que exaltan una religiosidad fervorosa. La gente se apresura a decorar sus calles y fachadas; y es que ya se escuchan a lo lejos los cascabeles y sonajas de los danzantes, que vienen abriendo la peregrinación. El sol cae a plomo sobre un pavimento ardiente, por el que algunas personas caminan descalzos como pago de alguna manda o penitencia.

“Por fin la peregrinación entra al pueblo y desata una lluvia de confeti, entre porras, aplausos y notas de las bandas de música; resulta difícil describir un sentimiento, ya que el llanto se mezcla con los cantos, y estos desatan el júbilo y la algarabía tanto de jóvenes como de personas mayores quienes bajo el techo de hilos de papel picado y los arcos de flores se estremecen con los fuertes “cuetes”, las estruendosas ristras y los rezos que acompañaran la imagen del Corazón de Jesús hasta la explanada instalada majestuosamente frente al templo parroquial.”

“Todo el pueblo está presente y es ocasión para convivir con los de afuera; aquellos que no se han querido perder esta fiesta y junto a casi todos los paleteros que provienen de todos los rincones de México llega gente desde los Estados Unidos o cualquier otro sitio quienes están presentes, aquí en Mexticacán, tierra de pioneros, de gente buena y trabajadora”.

Una verdadera fiesta religiosa representa la entrada del Sagrado Corazón por ser el máximo encuentro familiar comunitario que convoca a los hijos ausentes y amigos en este Mexticacán que siguen la devoción a esta reliquia que llegara a estos lugares el 8 de febrero de 1788 bajo un cumplido para Doña Ana María cuyo esposo Don José Antonio Cordero dio un cambio profundo en su comportamiento. Desde entonces fueron creciendo las invocaciones lo que motivo la erección de El Santuario en 14 de febrero de 1801 y luego formar parte de las festividades patronales de Mexticacán. Las visitas de Sagrado Corazón ya existían desde finales del siglo XIX durante el novenario del patrono San Nicolás de Tolentino y fueron suspendidas en el periodo de 1925 al 1939; posteriormente con el gran movimiento migratorio provocado por los negocios de los paleteros la devoción al Sagrado Corazón fue la única identidad que prevaleció entre ellos y año con año es el motivo del éxodo de paisanos, parientes y amigos a la famosa Entrada del Sagrado Corazón. Patrono de orgullosos, por serlo, paleteros de Mexticacán.

La Feria Invernal

Las fiestas de Mexticacán las que se realizaban en abril era una tradición que se trajo de España, de aquellas Fiestas de Abril de Sevilla y llegan a Mexticacán con la festividad religiosa de San Marcos primer patrono del entonces llamado pueblo de Santa María de Mexticacán a finales del siglo XVII. Después, por el florecimiento de las empresas paleteras el entonces presidente municipal Modesto Mendoza en 1960 propone y decide realizar la Feria Invernal de Mexticacán en diciembre de cada año.

Esta Feria Invernal se establece como encuentro tradicional de los hijos ausentes, principalmente de los paleteros y desde sus inicios creó una fuerte tradición de festejos que durante más de dos décadas fue la Feria con mayor atracción en la región, un palenque de gallos que propuso a todo México “La Variedad” después de las peleas de compromiso, en la que pasaron todos los artistas de renombre de esa época, además de su presentación gratuita en la plaza municipal. La gente mayor recuerda al mariachi Vargas, Humberto Cravioto, Cruz Infante, Tito Guizar, V Fernández, Hermanas Aguila, Hermanas Huerta, y omuchos otros más quienes vinieron prácticamente sin cobrar nada. En esos días de Feria se realizaba una comida diaria con la que se agasajaba a los pueblos vecinos; se festejaba el día del hijo ausente, y con pleno carácter popular se verificaban exposiciones diversas, carreras de caballos, charreadas de lujo, corridas de toros, palenque de gallos, eventos deportivos y culturales, serenatas en la plaza municipal y bailes tradicionales quedó en la memoria.

Fueron ferias que lograron gran espectacularidad por los eventos y elencos que se programaban; por lo bondadoso de los artistas que se presentaban. Pero el paso del tiempo los paleteros y personajes emprendedores de esas ferias se disgregaron. Llegaron nuevas generaciones y no lograron mantener la inercia necesaria para el desarrollo y aceptación de la Feria y esta se viene en una caída estrepitosa hasta su completa ausencia en algunos diciembres.

Quiero aclarar que, a pesar de esas lamentables experiencias, siempre ha existido gente responsable y honesta que no puede con el vendaval de la desorganización y que a pesar de las pérdidas desean continuar sumando esfuerzos para que no decaiga esta nuestra tradición.

Es tiempo de retomar el camino, y considerar a todos los sectores de la sociedad de Mexticacán, incluyendo sus hijos ausentes, no solamente paleteros, más bien incluir a todos, profesionistas, empresarios, rancheros, norteños y demás ciudadanos que sienten orgullosamente el gusto por celebrar año con año un evento de reencuentro familiar de todos los de este pueblo.

Periódico Raíces

El miércoles 15 de abril de 1987 salió el primer número del periódico Raíces con el ferviente objetivo de llegar a todos los paisanos de Mexticacán principalmente a los paleteros. Su director, principal creador y promotor Chuy Pérez Mejía expresa ese primer periódico los objetivos textualmente:

“…Raíces, nuestro periódico, nace con la aspiración de ser el órgano oficial de comunicación de la Colonia de Mexticacán en Guadalajara.

Pretendemos imprimir en sus páginas toda clase de noticias de interés para nuestra asociación, para los residentes en el propio Mexticacán y para los paisanos que han emigrado a todos los rumbos de la patria y fuera de ella, llevando en sus ansiedades la decisión de elevarse sobre sus mismas raíces de hombres verticales, que prestigian con trabajo honrado el nombre de su tierra y su propio nombre.

Queremos en sus páginas dar a conocer la pujanza de la industria paletera, estimular y reconocer la tesonera labor de quienes la han llevado a sus niveles actuales de éxito, mostrar gráficamente instalaciones y equipo de las empresas del ramo y publicarlas junto con los proveedores de esta industria nacional.

Pretendemos que este periódico nutra y conserve la unidad de quienes tenemos el hogar lejos del pueblo, pero bien hundidas en él, nuestras raíces de amor y tradición.”

Así fue en efecto la tarea que se cumplió en el tiempo en que se publicó el periódico Raíces.
Junto a Chuy Pérez es necesario mencionar el esfuerzo realizado por distinguidos colaboradores como: Juan Lomelí Jáuregui, Polo Delgadillo, Carmen Aguirre, Plutarco Lomelí Padilla, José Torres, Ma. Guadalupe Lomelí, padre Toño Lomelí García, Juan López, Teodorita Manríquez, Peche Sandoval, padre Humberto Mejía, padre Rosario Ramírez, entre otros que mensualmente hacían llegar sus mensajes de identidad para todos los paisanos de Mexticacán.

Aunque siempre se relacione al municipio de Mexticacán con las paletas pareciera que la vida del pueblo es aparte y paralela en el medio siglo que se da el éxodo de tanta gente que se fue a instalar una paletería. Aquel pueblo lleno de vida, de cultivos, de talleres y de comercios se fue quedando, poco a poco, casi solo. Y aquí se quedaron los que no gustaron de emprenderse como paleteros.

La fabrica de paletas comprada en sociedad por Generito Jáuregui y Tilde Ríos, queda a cargo de este último y es la primera paletería que se instala en Mexticacán en 1940 en un local donde hoy está la dulcería de Pedro García. Después pasó a manos de Lorenzo García quien con ingenio la atendió durante un buen tiempo. Polo Delgadillo y Arnulfo Ayón entre otros eran los niños que ayudaba a hacer los palillos de carrizo. Los carreros de más jerarquía por sus ventas eran don Chencho, Don Silverio Ayón y Nicolas Murillo.

Después se instaló Modesto Mendoza, siendo su principal carrero el famoso Cantinflas de nombre de pila Salvador Padilla.

También estaba la fabrica de hielo de Cuco Mendoza y la paletería de Jesús Cornejo.

Debemos mencionar a Toño Goméz que logró, con trabajo, su fabrica y que actualmente sus hijos la mantienen en activo.

La Hecor de José Hernández, la paletería de los Estrada, la rustica fábrica de paletas en el rancho de Ojuelos y los negocios de Lorenzo Sánchez y Jorge Cornejo.

De los carreros que se recuerdan está: Ruberino, Chuy Gutiérrez y Baltasar Islas.

La nieve de garrafa en Mexticacán tuvo excelentes fabricantes que con gran tradición elaboraron sus productos de gran calidad y gusto entre la gente. Y Sin duda surge la pregunta: ¿de dónde obtenían el hielo? Del hielo que se juntaba en la fuertes heladas.

 Lorenzo García fue de los primeros que recolectaba el hielo de las heladas en el arroyo de La Cañada para preparar su suave nieve de vainilla. Es importante destacar que en esa época se sabía que la adición de sal en grano hace bajar la temperatura del hielo y que este duraba por más tiempo. Luego rellenaban el espacio entre los recipientes con hielo y sal. Y el que contenía la mezcla de los ingredientes del helado

Joseana con su sabrosa nieve de mamey, don Abundio que junto a sus raspados ofrecía a sus clientes, Chuy de don Lupe que vendía sus nieves frente del cine; Pilo Rodríguez fue el último que se veía con su carrito rondando la gente que salía de misa.

Bibliografía
González de la Vara, Martín. Rancheros en las ciudades. La organización de los heladeros de Mexticacán y Tocumbo. Colegio de Michoacán.
Torres, J. Periódico Raíces, núm. 1, vol., 1. P. 12.
Martínez, A. Periódico El Informador, 19 de julio de 1992, p. 2-C.
Casillas, M. A. Revista Reflejos, núm. 4, año 1, p. 53.
Gutiérrez, J. Entrevista.
Delgadillo, Polo. Entrevista.
Ayón, Arnulfo. Entrevista.

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